Morir para vivir: recordar nuestra fragilidad para cuidar la salud

imagen antigua de anatomía humana, junto a elemento gráfico de chequeo preventivo

Hay temas de los que preferimos no hablar. La muerte es uno de ellos.

La apartamos, la disimulamos y la convertimos en algo lejano, casi ajeno, como si perteneciera siempre a otros. Sin embargo, pocas realidades son tan universales, tan democráticas y tan profundamente humanas como esta: todos somos vulnerables, todos somos finitos y todos tenemos un tiempo limitado.

Puede parecer una idea triste. Pero quizá no lo sea.

Recordar que la vida termina no tiene por qué ser una invitación al miedo. Puede ser una invitación a la lucidez, a la gratitud y a la responsabilidad. Pensar en la muerte, bien entendido, no nos aleja de la vida. A menudo nos acerca más intensamente a ella.

Esta reflexión surge, en parte, a partir del artículo Dying to Live del cardiólogo Paddy Barrett, que plantea una idea tan antigua como necesaria: recordar nuestra mortalidad puede ayudarnos a vivir de forma más consciente y auténtica. A partir de esa lectura, he querido llevar esta reflexión al terreno de la medicina, la prevención y la salud de mis pacientes.

En medicina observamos esta realidad todos los días.

Un paciente consulta por una alteración de la erección, un PSA elevado, una pérdida de energía, un dolor testicular, un diagnóstico de cáncer o una enfermedad cardiovascular detectada de manera inesperada. En muchas ocasiones el motivo inicial parece limitado, casi técnico. Pero detrás de ese síntoma aparece algo más profundo: la conciencia de que el cuerpo no es invulnerable.

Y cuando una persona comprende de verdad que su salud no está garantizada, algo cambia.

Memento mori: recordar que somos vulnerables para vivir mejor

Los antiguos estoicos utilizaban una expresión latina que ha atravesado los siglos: memento mori, “recuerda que vas a morir”. A primera vista puede sonar duro, incluso desagradable. Pero para los filósofos antiguos no era una frase morbosa. Era una herramienta de claridad.

Recordar la muerte servía para ordenar la vida.

Cuando uno tiene presente que el tiempo es limitado, muchas cosas pierden importancia. Las preocupaciones se hacen más pequeñas. Las discusiones se revelan como absurdas. La necesidad de aparentar pierde fuerza. La comparación constante y la búsqueda obsesiva de reconocimiento dejan de ocupar el centro.

Y al mismo tiempo, otras cosas ganan peso: la familia, la salud, la amistad, el amor, la vocación, el cuidado del cuerpo, la serenidad interior, la gratitud y el deseo de dejar algo bueno detrás. No se trata de vivir pensando continuamente en la muerte. 

Se trata de vivir con suficiente conciencia de ella como para no desperdiciar la vida.

La importancia de prevención: el cuerpo habla antes de que la mente quiera escuchar

Muchos pacientes recuerdan con precisión el momento en que comprendieron que su salud no estaba garantizada. Un infarto de un amigo. Un familiar con cáncer. Un diagnóstico inesperado. Una pérdida de potencia sexual. Una intervención quirúrgica. Un análisis que cambia de repente la percepción que tenían de sí mismos.

Esos acontecimientos cambian la forma en que percibimos nuestro propio cuerpo.

Hasta ese momento, la salud parecía invisible. Después, la salud se convierte en centro de todo.

La pregunta es: ¿tenemos que esperar a un susto para cuidarnos?

Como médico, creo que uno de los grandes retos de la medicina moderna es conseguir que el paciente actúe antes del miedo. No después. No cuando ya ha llegado el golpe. No cuando la enfermedad ha avanzado. No cuando las opciones son más limitadas.

La prevención no es una obsesión por vivir eternamente. Es una forma de respeto por la vida que tenemos.

Cuidar la salud para vivir mejor

En el caso de nuestros pacientes, todo esto puede traducirse en decisiones muy concretas sobre salud masculina.

  • Hacerse una revisión urológica cuando corresponde. 
  • No retrasar la consulta por vergüenza. 
  • Hablar de la erección con naturalidad. 
  • Valorar la testosterona si hay síntomas compatibles. 
  • Revisar el PSA de forma individualizada. 

No vivir de espaldas a lo que nuestro cuerpo necesita:

  • Cuidar factores de riesgo como el peso, el sueño, la presión arterial, la glucosa y el colesterol.
  • Reducir alcohol y tabaco.
  • Entrenar fuerza y caminar.
  • Mantener vida social y cuidar la pareja. 

En resumen: 

Aceptar que somos vulnerables no significa vivir con miedo. Significa vivir con mayor conciencia.

La medicina moderna dispone de herramientas cada vez más eficaces para prevenir enfermedades, detectar factores de riesgo y mejorar la calidad de vida. Sin embargo, ninguna tecnología puede sustituir una decisión personal: la de prestar atención al propio cuerpo antes de que aparezcan problemas importantes.

Cuidar la salud no consiste en negar nuestra mortalidad, consiste en aprovechar mejor el tiempo que tenemos.

Referencias:

Barrett P. Dying to Live: Why Death Is the Key to Life. 2022.

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