Ondas de choque en disfunción eréctil: qué dice realmente la evidencia científica

Las ondas de choque de baja intensidad (Low-Intensity Shockwave Therapy o LiSWT) se han convertido en uno de los tratamientos más publicitados en los últimos años para la disfunción eréctil. Con frecuencia se presentan como una terapia “regenerativa” capaz de mejorar la vascularización peneana y restaurar la función eréctil de forma natural.
Sin embargo, cuando se analiza la evidencia científica más rigurosa disponible, la realidad es bastante más compleja y menos concluyente de lo que muchas veces se transmite en publicidad o redes sociales.
La revisión sistemática más reciente y metodológicamente más exigente sobre este tema es la publicada por Ergun et al. en 2025 dentro de la colaboración Cochrane, considerada uno de los estándares internacionales de mayor calidad en medicina basada en la evidencia.
¿Qué analizó la revisión Cochrane?
La revisión incluyó:
- 21 ensayos clínicos aleatorizados
- 1.357 hombres con disfunción eréctil
- Comparación entre ondas de choque y tratamiento simulado (placebo)
Esto es relevante porque hablamos de estudios controlados, es decir, el nivel de evidencia clínica más alto disponible para evaluar un tratamiento.
No obstante, también existe un problema importante: los estudios incluidos eran muy heterogéneos entre sí. Y aquí empieza el problema real.
¿Las ondas de choque mejoran la disfunción eréctil?
Mejoría discreta a corto plazo
Los estudios muestran que las ondas de choque pueden producir cierta mejoría en la función eréctil medida mediante escalas como el IIEF (International Index of Erectile Function).
Sin embargo, la magnitud de esa mejoría suele ser modesta.
En muchos casos:
- los cambios son pequeños
- apenas superan el umbral mínimo considerado clínicamente relevante
- y no siempre se traducen en una mejoría sexual significativa para el paciente
Rigidez peneana: resultados limitados
También se observaron pequeñas mejorías en la rigidez peneana.
Pero nuevamente:
- los resultados son discretos
- los cambios limitados
- cambios cercanos al umbral mínimo considerado clínicamente importante
¿Qué ocurre a largo plazo?
A largo plazo, los resultados parecen algo mejores, pero se basan en menos estudios y con mayor heterogeneidad, lo que reduce la confianza en los datos.
Un aspecto interesante —y poco comentado— es que:
- no hay diferencias claras en efectos adversos
- pero tampoco hay datos sólidos sobre calidad de vida o satisfacción del paciente
Esto último es clave, porque el objetivo no es una mejoría estadística en las escalas, sino una recuperación funcional clara de las erecciones y en la vida sexual del paciente.
El gran problema: la calidad de la evidencia científica
Aquí está el punto más importante del artículo, y el que creo que hay que transmitir claramente a los pacientes.
La revisión Cochrane concluye que la calidad global de la evidencia es baja para prácticamente todos los resultados analizados.
¿Por qué la evidencia es débil?
Principalmente por varios problemas metodológicos repetidos en los estudios:
- tamaños muestrales pequeños
- ausencia de enmascaramiento adecuado
- protocolos muy variables (energía, sesiones, dispositivos)
- resultados inconsistentes entre estudios
- riesgo de sesgos de publicación
- falta de protocolos predefinidos en algunos estudios
Desde el punto de vista clínico, esto significa algo muy concreto:
Los resultados actuales pueden no ser fiables y podrían cambiar significativamente cuando se realicen estudios mejor diseñados y de mayor calidad.
Y este matiz es esencial.
Después de más de una década de utilización clínica, seguimos sin disponer de evidencia sólida, consistente y de alta calidad que confirme claramente su eficacia clínica real.
- No estamos ante un tratamiento consolidado como los inhibidores de la PDE5, fármacos para la disfunción eréctil como el sildenafil (Viagra®) o el tadalafil (Cialis®)
Sino ante una terapia:
- con resultados modestos
- con alta variabilidad
- y con evidencia aún insuficiente
Mi reflexión clínica
Las ondas de choque representan un ejemplo clásico de tratamiento con una base teórica atractiva —angiogénesis, regeneración vascular o reparación tisular— pero cuyo impacto clínico real sigue siendo incierto.
Esto no significa que ningún paciente pueda beneficiarse.
Significa que todavía no sabemos con suficiente precisión:
- en qué pacientes funcionan mejor
- cuál es el protocolo adecuado
- cuánto dura el efecto
- y qué resultados pueden esperarse realmente
Y en medicina rigurosa, esa incertidumbre es un problema y debe explicarse al paciente con claridad.
Referencias
- Ergun O, Kim K, Kim MH, Hwang EC, Blair Y, Gudeloglu A, et al.
Low-intensity shockwave therapy for erectile dysfunction.
Cochrane Database Syst Rev. 2023;CD013166.
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/37024071/ - Vardi Y, Appel B, Jacob G, Massarwi O, Gruenwald I.
Can low-intensity extracorporeal shockwave therapy improve erectile function?
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https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/20447763/ - Lu Z, Lin G, Reed-Maldonado A, Wang C, Lee YC, Lue TF.
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