COVID-19: Confinamiento, sobrealimentación, obesidad. ¿Afecta a las relaciones sexuales?

El confinamiento está siendo un experimento a gran escala sobre los cambios en nuestros hábitos sociales y personales.  Uno de los más importantes está relacionado con la alimentación. Nos habíamos acostumbrado muchos de nosotros a comer fuera de casa, al igual que muchos niños en el colegio, y ahora, al estar toda la familia recluida, los hábitos culinarios están cambiando. El coronavirus ha modificado nuestra dieta. La pregunta es si para mejor o peor.  La revista Time se hacía eco de esta reflexión hace pocos días.

Los datos previos sobre nuestra alimentación mostraban que los grados de obesidad estaban cada vez más relacionados con la peor calidad de nuestras dietas: el consumo de alimentos procesados unido al abandono de la dieta mediterránea, conducen a un aumento importante del sobrepeso y la obesidad en las sociedades occidentales. Todo ello además sumado a la poca práctica de ejercicio.

Más del 40% de los norteamericanos son obesos y esto constituye un factor de riesgo muy importante para los problemas cardiovasculares como son los ictus, infartos de miocardio o la hipertensión arterial. La obesidad está también relacionada con la aparición de muchos cánceres, en particular en pacientes jóvenes.

En estos momentos de la pandemia, la mayoría de las personas se ve obligada a cocinar más. El tráfico a páginas web de cocina y de recetas se ha disparado. Además, se pide menos comida a domicilio por varios factores: económicos, por la gran cantidad de restaurantes y sitios de comida cerrados y también por la desconfianza de un posible contagio.

Se deberá estudiar si estos cambios nutricionales en pro de la comida casera tienen consecuencias en la reducción de enfermedades: cardiovasculares, diabetes, hipertensión u obesidad. Hacer una dieta más sana es uno de los pilares básicos del cambio de estilo de vida.

Comer en casa ha sido siempre un factor protector para la salud. En un artículo de investigación publicado en abril en el Journal of Nutrition, los autores descubrieron que los estadounidenses obtienen alrededor del 21% de sus calorías de los restaurantes, y la mayoría de esos alimentos son de baja calidad nutricional. «Los alimentos de los restaurantes tienden a ser poco saludables» exponen los investigadores; hay mucha variación según el restaurante y lo que se pide, pero las ofertas típicas de menú en las grandes cadenas, por ejemplo, son altas en sodio, calorías, grasas saturadas y azúcar. Cocinar te permite controlar los ingredientes que terminan en tu comida.

De todas formas, los efectos positivos de las pocas semanas de confinamiento a largo plazo no van a perdurar. En la balanza también están los altos niveles de inactividad física, el aislamiento social, la pérdida de empleo,… que pueden suponer factores de gran trascendencia en la pérdida de la salud y para los problemas cardiovasculares. También, ha habido un incremento del consumo de harinas, azúcar, comidas preparadas y alcohol que no son productos esenciales de una vida saludable. Los alimentos procesados duran mucho más que los frescos por su alto contenido en azúcar, grasa y sal por lo que se vinculan a un mayor riesgo de cáncer.

Otros factores como el estrés y el confinamiento hacen que comamos más y, en particular, productos que nos sacien al instante con alto contenido de azúcar y calórico.   

Cocinar en casa de forma sana, además, es más caro, por lo que las personas más desfavorecidas no pueden comprar o tienen limitado el acceso a frutas, verduras frescas y productos saludables. Se sabe que cocinar con mayor frecuencia está relacionado con una mejor dieta y niveles de ingresos económicos más altos.

El alto numero de ERTES y personas que van a ir al paro va a suponer limitar el acceso a comidas y productos frescos y más saludables e indirectamente a la posible aparición de patologías cardiovasculares con el tiempo. Los bancos de alimentos están desbordados en ese sentido. Los sitios de comida rápida aprovecharán su oportunidad para ofrecer ofertas que para mucha gente y niños serán muy atractivos.

Durante la crisis del coronavirus, los niños que comían en el colegio, donde se suele llevar un control equilibrado de la alimentación, no lo hacen. También el teletrabajo y que los niños tengan clase en casa supone una sobrecarga de tiempo y esfuerzo para muchos padres y consecuentemente de menos tiempo para cocinar. 

En resumen, la pandemia está también afectando a cómo comemos y a las dietas, y no cabe duda de que resulta mucho más costoso alimentar de forma sana a una familia completa.

Obesidad: Nuevo factor de riesgo para pacientes jóvenes con COVID

La obesidad y la mala salud metabólica son grandes factores de riesgo para ser hospitalizado por COVID. En China, las cifras de obesidad son mucho menores frente a los países occidentales, por lo que no se disponen de datos sobre este tipo de pacientes, pero se está constatando que las personas obesas y con sobrepeso ingresadas en las UCI sufren un factor de riesgo añadido para su recuperación del coronavirus. En un artículo de revisión de Medscape, Anna Stachel, directora asistente del Departamento de Prevención y Control de Infecciones de NYU Langone Health, y su equipo, hicieron un estudio en 3.615 pacientes menores de 60 años que se sometieron a pruebas positivas para COVID-19. Descubrieron que el peso corporal no aumentaba significativamente el riesgo de hospitalización o enfermedad más grave para las personas mayores de 60 años. Pero sí lo hizo en pacientes menores de 60 años, en comparación con aquellos con un índice de masa corporal saludable, que es inferior a 30. Las conclusiones de su investigación son:

  • Los pacientes con un IMC de 30-34 tenían el doble de probabilidades de ser ingresados ​​en el hospital o ser ingresados ​​en cuidados agudos.
  • Los pacientes con un IMC de 35 o más tenían el doble de probabilidades de ser ingresados ​​en el hospital y tres veces más probabilidades de terminar en la unidad de cuidados intensivos.

En resumen, los pacientes obesos acuden más para recibir atención médica porque están más enfermos. Una vez en el hospital, aquellos con un IMC más alto también son más propensos a ser admitidos y más propensos a terminar en la UCI.

Además, hay otros datos que apuntan que, en los EE. UU., existe una relación entre la obesidad y los síntomas graves de coronavirus en pacientes más jóvenes. Esto llevó al equipo de Investigación del Centro de Resultados y Servicios de Salud de Ochsner a recopilar datos. Estudiaron a 3.000 pacientes que dieron positivo para el coronavirus en su hospital y descubrieron que el 59% de los pacientes hospitalizados eran obesos con un IMC promedio de 33. La conclusión es que la obesidad, casi duplicó las posibilidades de que los pacientes con COVID-19 terminaran en la UCI. “Cuando observamos los factores de riesgo para terminar en el hospital y en la UCI, la obesidad fue el principal factor de riesgo además de la edad”.  “Hubo un riesgo 71% mayor de terminar en la UCI, con un rango de riesgo 46% a 261% mayor si eras obeso. Esa es una tasa más alta que el riesgo creado por la enfermedad cardíaca, la diabetes e incluso la enfermedad pulmonar crónica «.

Un segundo estudio de la Universidad de Nueva York Langone Health en 4.103 pacientes con COVID-19 encontró que la obesidad era el segundo predictor más fuerte (después de la edad) de hospitalización y progresión a enfermedad crítica para las personas con enfermedad por coronavirus, incluso más que la enfermedad pulmonar, la enfermedad cardíaca, e historial documentado de tabaquismo.

Las primeras investigaciones realizadas en China descubrieron que los pacientes obesos con COVID-19 tenían más del doble de riesgo de neumonía grave que las personas de menor peso. Todavía se tienen que analizar más datos para ver la relación entre obesidad y los síntomas del COVID-19. Una de las posibles explicaciones está en la mecánica respiratoria. El sobrepeso produce una carga mecánica adicional en los pulmones y el sistema respiratorio, por lo que se precisa más esfuerzo para respirar. Otra teoría podría estar relacionada con la inflamación; las células grasas tienen relación con la inflamación, por lo que el factor inflamatorio elevado, actúa sobre la respuesta inmunológica del paciente. En resumen, la obesidad y el sobrepeso son elementos de riesgo a vigilar en estos pacientes.

El exceso de grasa corporal, especialmente en la cintura abdominal, relaciona el estilo de vida y el riesgo de cáncer. En un artículo médico publicado el “British Journal of Cancer” en el que analizó más de 43.000 individuos procedentes de varios países europeos (incluido España) y ha evidenciado que el aumento del IMC eleva el riesgo de desarrollar un cáncer en un 11%. Con estos resultados, deberíamos concienciar a la población de los riesgos a los que están sometidos, puesto que el aumento de peso o de la cintura abdominal no sólo eleva el riesgo cardiovascular sino también el riesgo de algunos cánceres. Cambiar de estilo de vida puede disminuir la probabilidad de tener alguno de estos cánceres. Este estudio destaca que reducir el exceso de grasa corporal es fundamental en la prevención del cáncer independientemente de la edad y del sexo.

IMPLICACIÓN EN LAS RELACIONES SEXUALES Y DE PAREJA

En el futuro habrá que estudiar cómo ha afectado la situación de la pandemia a las relaciones de pareja y las relaciones sexuales: el confinamiento, la dificultad para tener relaciones sexuales, la pérdida de trabajo, los problemas económicos y un futuro incierto pueden actuar como factores desencadenantes de la ruptura de muchas parejas. Muchas bodas se han aplazado y, si ya existían problemas en muchas relaciones antes del confinamiento, la situación puede acelerar este proceso. En China, donde el coronavirus ha obligado a millones de personas al aislamiento, el número de solicitudes de divorcio se ha disparado en los últimos meses en las provincias más afectadas, según los periódicos locales de esas provincias. El impacto psicológico y económico de esta pandemia durará meses después de la vuelta a la normalidad.

También esta crisis puede tener una repercusión negativa en pacientes con disfunción eréctil, ya que una de las principales causas son las enfermedades cardiovasculares (hipertensión arterial, colesterol alto y/o diabetes), por lo que una mala dieta unida a la falta de ejercicio, tendrán una repercusión negativa en las disfunciones sexuales del varón. La disfunción eréctil es uno de los predictores más importantes de enfermedad cardiovascular, que incluso puede anteceder varios años antes a que aparezca este cuadro.

Por ello, en estos tiempos de pandemia, la alta probabilidad de engordar, la falta de ejercicio, el estrés producido con el confinamiento (teletrabajo, niños en casa, miedo, ansiedad, …) van a repercutir en las relaciones sexuales de la mayoría de las personas y parejas en sentido negativo: menos relaciones sexuales condicionadas por el distanciamiento y los factores psicológicos inherentes a esta situación.

Dr. François Peinado Ibarra 
Cirujano-Urólogo & Andrólogo
www.doctorpeinado.com

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